lunes, 28 de diciembre de 2015

Domingos

La veneré, pero no quiso ni verme,
eran las tres de la mañana y yo sentado en aquel bar,
juro por mis versos que no pude retenerme
y cuando me di cuenta ya no la podía besar,

Sus ojos me llamaron como se llama a la luna,
a mis pecados, a mi puta locura,
a mi maldita forma de perder la compostura
entre tus piernas, en tu cintura,

Y yo mirando tu postura sin pestañear,
buscando en mil palabras que pudieran describirte,
amaneciendo sólo en tu portal,
queriendo un poco menos, pero dando un poco más,

Ya conoces el juego,
tu me prestas tu carmín y yo te doy mi ego,
te regalo mi expresión de libertad,
pa' que tu hagas lo que quieras entre tu verdad y todos mis deseos,

Que para ti yo deje de ser yo mismo,
haciendo malabares, bailando sobre el precipicio,
tratando mi desquicio, destrozando mi razón,
relatando como hacer de tripas corazón,

A tu desidia, a tu abolismo,
al fanatismo que desprendo por tu cama,
a la ventana que separa nuestro amor,
al fiel rencor que me depara los domingos.

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