domingo, 1 de noviembre de 2015

Blanco y negro

Ella quería pintar el Mundo de colores; yo de blanco y negro.

Solía decir que a la vida debíamos añadirle una pizca de locura para así obtener la receta perfecta, pero fueron tantas las veces en las que me faltaron los ingredientes que ya no había manera de volver atrás. Así fuimos entrando en un bucle de contradicciones, en una lucha entre el ser o estar, en un desamparo cuya esperanza se iba perdiendo en sus ojos poco a poco. Pasé de verla como una más a verla como la estrella más brillante de todo el cielo. Las constelaciones se alineaban al contorno de su cintura mientras yo suspiraba por algún segundo que otro de su atención.

Y sin mediar más palabra que esta, sin nombrar a nadie más, se me acercó para hacer que mi balanza se volviera a tambalear, para que mi equilibrio, mis barreras, mis fronteras y todo lo que hasta hoy conocía como severamente firme se desplomara como se desploma el viento contra el mar. Todo se perdió en el momento en el que decidió jugar a hacerse con mi corazón. Entonces comencé a echarme de menos a mi mismo, a mi antiguo yo. Comencé a plantearme lo que anteriormente era implanteable.

Definitivamente había derribado todos mis sistemas de defensa cambiando mis ''no quiero'' por ''no puedo''. No sé como lo hizo; tampoco quiero saberlo, pero poco a poco mi locura fue mostrando parte de su ser, mis palabras brotaban de una dura sesera que no daba a basto desde hacía mucho tiempo y me di cuenta de que alcanzar la locura a su lado era la mejor manera de estar cuerdo.

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