sábado, 23 de mayo de 2015

Buscando mi estrella

Contigo aprendí a no esperar, a desesperar siempre que no te veo, a buscarte en cada esquina y no encontrarte, pero seguir buscando. Tan tonto y terco fuí que acudí a tu rescate incluso cuando no estabas en peligro con tal de poder volver a verte una última vez más, con tal de que tus ojos se clavaran en los míos, aquellos que abrieron las puertas de mi corazón sin preguntar y cerraron otras que me suponían más de mil preguntas.

Es difícil ver como una luz se apaga, pero más difícil es aún ver como poco a poco se vuelve a ir encendiendo para decaer irremediablemente ante los ojos del amor, de la pasión, del deseo, del cariño y el cuidado que sólo tu y yo nos prometimos en silencio, sin mediar palabra alguna más que nuestros besos. Es entonces cuando mi cabeza trata de desatender lo que mi corazón no alcanza a entender, lo que la razón y el olvido tratan de retener en el vacío existencial que suponen mis palabras.

Mientras tanto yo seguiré escribiendo bajo la luna, esperando alguna estrella que me ampare en esta lúgrube condena a la que llaman vida, alguna estrella que me de calor, que me de luz. 

Una vez creí que esa estrella podrías llegar a ser tú, pero como cada estrella te fuiste apagando, quizá demasiado pronto, quizá demasiado tarde o quizá nunca te apagaste, solo que no llegué a verte bien.

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