sábado, 4 de abril de 2015

Tras las nubes

La paciencia de su amor no se quebrantaba a pesar de cada uno de los segundos que permanecía admirando sus caderas; el tiempo no existía, las agujas giraban entorno a un infinito que reinaba en su propia utopía, aquella que siempre se estrellaba contra la misma dictadura creada por su timidez, aquella que se rendía a cada una de sus penas por volver a pensar cómo sería el tacto de sus labios.
Que no existía barco alguno si no era el que capitaneaban sus deseos, ni rumbo que no atracara donde los sueños mueren y comenzaba a nacer la realidad, pero todo era inútil. Inútil, pues mientras esperaba el rayo de sol le cayeron más de mil chaparrones y tan leal fue su amor que toleró cada tormenta si así podía pasar un segundo más a su lado.

Finalmente, la paciencia se fue fundiendo entre el calor de sus deseos, que acongojaban una historia sin principio y sin final, sin recordar que tras las nubes siempre acabará alumbrando el rayo de sol.

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